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El día que GitHub se fue a por churros y el mundo dev se paralizó

Comentarios, Seguridad

Tengo que ser sincero: no soy precisamente el presidente del club de fans de GitHub. Pero cuando la plataforma estrella de Microsoft decide "hacer un descanso" y venirse abajo durante unas cuantas horas, el show en la comunidad de desarrolladores es digno de palomitas.

Para quien viva felizmente al margen de estas cosas: ¿qué es GitHub y por qué a medio internet le da un ataque de ansiedad si cae?

Simplificando diremos que GitHub es el Facebook de los programadores. El gran almacén virtual donde millones de devs guardan su código, organizan sus proyectos en equipo y, seamos honestos, presumen ante los colegas de lo verde que está su jardincito de aportaciones diarias. Cuando GitHub decide dormirse la siesta, no solo se para la escritura de código: se frenan los despliegues automáticos, se congelan las actualizaciones de webs y medio internet se queda en pausa mirando a la nada.

¿Qué pasó realmente por debajo del capó?

Si nos ponemos técnicos, la culpa no fue de un hacker ruso ni del becario borrando la base de datos por error. La verdad es casi más chistosa: a GitHub se le llenó la casa en agosto y el aire acondicionado no saltó porque el termómetro estaba puesto en la habitación de al lado.

El lío vino por un pico masivo de tráfico que saturó un componente secundario de su red. ¿El problema? El sistema de escalado automático de GitHub estaba programado para medir la carga del servicio principal. Así que, mientras el servicio principal estaba "tan tranquilo", el componente secundario se estaba ahogando en peticiones sin que nadie le enviara refuerzos.

Y aquí viene nuestra aportación como especie inteligente: en cuanto saltó el primer mensaje de error, millones de desarrolladores y herramientas automáticas nos pusimos a aporrear el botón de reintentar como si nos fuera la vida en ello. Editores como VS Code pasaron de hacer 8.000 peticiones de autenticación por segundo a más de 100.000. Una auténtica "tormenta de reintentos" en la que terminamos de rematar al servidor a base de puro pánico y F5.

Escenas del crimen: ¿Qué ocurre durante el apagón?

  • El baile del cuello rígido: Cientos de miles de programadores mirando la terminal congelada sin saber qué hacer con las manos (algunos descubrieron que tienen ventanas en la oficina).
  • Amnesia repentina: Toca hacer memoria para recordar cómo demonios se trabajaba en local sin mandar cambios a la nube cada tres minutos.
  • Experimentos sociológicos: Informes no confirmados señalan a varios devs acercándose a la máquina de café a entablar contacto verbal con otros seres humanos.

¿Hay vida después de la gran "G"?

Aunque nos hayan vendido que si cae GitHub se acaba la civilización, la realidad es que no hace falta tener todos los huevos en la misma cesta de Microsoft:

  • GitLab: La alternativa fetén. Te da todo el control, es ideal para la gestión de repositorios y, si te apetece, te la puedes montar en tu propio terreno.
  • Bitbucket: El clásico de toda la vida, especialmente apañado si en tu equipo ya vivís atrapados en el universo Atlassian.
  • Servidor propio (Self-hosted): Mi opción favorita. Para los que preferimos no depender al 100% del humor con el que se levanten los servidores centrales de una gran corporación. Montar tu propio control de versiones requiere mimarlo un poquito más, pero la tranquilidad de que nadie viene a cerrarte el chiringuito desde fuera... eso no se paga con dinero.

En resumen: la web sobrevivió al tropezón de GitHub, aunque a más de uno le tocara recordar por unas horas que existe un mundo real al otro lado de la pantalla.