Vale, vamos a hablar de algo que últimamente parece ciencia ficción: cumplir lo que se promete.
Sé que suena raro. Vivimos en una época en la que cualquier "experto en IA" con una suscripción de 20€ al mes te monta una landing page en tres clics, te la enseña con un vídeo lleno de música motivacional y te jura que tu negocio va a facturar el triple el mes que viene. Y luego, cuando le escribes por segunda vez, ya no contesta. O contesta, pero la web sigue "en construcción" desde hace ocho meses.
Con más de 20 años haciendo esto, he visto pasar todas las modas. Flash, WordPress a mano, plantillas, page builders, y ahora la IA generativa disfrazada de solución mágica para todo. Y lo que no ha cambiado en 20 años es esto: si dices que lo vas a tener el viernes, lo tienes el viernes. No es un truco de marketing. Es, literalmente, el trabajo.
El nuevo canon del vendedor de humo
Vamos a repasar el guion, que ya me lo sé de memoria:
- Te promete una web "profesional" en 48 horas.
- Te enseña un portfolio con capturas que, si te fijas bien, tienen la típica mano con seis falanges de una IA que todavía no ha aprendido anatomía.
- Te dice que "la IA ya hace el 90% del trabajo", como si el otro 10%, o sea, entender tu negocio, tus clientes y lo que realmente necesita, fuera lo de menos.
- Cobra por adelantado.
- Desaparece con la efectividad de un mago de escenario, solo que sin el aplauso final.
Y lo peor no es que exista esta gente. Lo peor es que, gracias a ellos, cuando alguien serio dice "esto lo tendrás listo en dos semanas", el cliente automáticamente piensa: "ya, claro, seguro". Nos han quemado la palabra a todos.
Un caso real (con nombres cambiados, que aquí no venimos a hacer leña)
Hace poco un cliente me contó su última aventura antes de llegar a mí. Había contratado a un chico, "un crack con la IA", según sus propias palabra, para renovar la web de su clínica. Precio de risa, plazo de risa, y le enseñó una demo que parecía sacada de una revista. El cliente, encantado, pagó la mitad por adelantado, como es normal.
Tres semanas después, silencio. A las cinco semanas, un mensaje: "estoy liado, la semana que viene lo tienes". A las ocho semanas, el chico había cambiado de número de WhatsApp. Literal. La web seguía siendo la plantilla de un tema gratuito con el logo mal centrado y un formulario de contacto que enviaba los correos... a nadie, porque nunca llegó a configurar el SMTP.
¿Sabéis lo más gracioso? La demo que le enseñó al principio, la que tanto le gustó, seguramente la generó una IA en cinco minutos. El problema no fue esa herramienta. El problema fue que detrás de esa demo bonita no había ni conocimiento, ni compromiso, ni ganas de currárselo cuando la cosa se pusiera cuesta arriba (que siempre se pone, en algún momento).
Ese cliente llegó a mí quemado, desconfiado y con razón. Y lo primero que tuve que hacer no fue diseñar nada. Fue, simplemente, demostrarle con hechos pequeños, contestar rápido, cumplir una fecha modesta, no prometer de más, que no todos jugamos a ese juego.
La IA no es el problema. El humo sí
Que quede claro, porque si no me van a caer mensajes raros: no tengo nada en contra de la IA. Yo mismo la uso todos los días para escribir textos, para pensar mejor una estructura, para no tener que reinventar la rueda en cada proyecto. Es una herramienta buenísima, y sería absurdo por mi parte hacerme el purista a estas alturas.
El problema no es la herramienta. El problema es la gente que la usa para fingir que sabe algo que no sabe, o para prometer algo que no puede cumplir. Una IA no sabe si tu negocio necesita un formulario de contacto sencillo o un sistema de reservas complejo. No sabe que tu clienta típica es una señora de 60 años que va a entrar desde el móvil con mala cobertura y letra pequeña le va a costar horrores. No sabe que el texto de tu "Sobre mí" tiene que sonar a ti, no a una plantilla genérica que podría llevar el nombre de cualquier otro negocio con solo cambiar el logo.
Eso lo sabe alguien que se ha sentado a escucharte. Con humanidad, con paciencia, y sí, a veces con un café de por medio. La IA es un martillo estupendo. Pero el martillo no decide qué construir, ni para quién, ni por qué. Eso sigue siendo cosa nuestra.
Señales de humo que puedes detectar tú solo, sin ser experto
No hace falta que sepas de diseño ni de desarrollo para oler cuándo alguien te está vendiendo aire. Solo tienes que fijarte en estas cosas:
- El plazo es sospechosamente corto. Si tu proyecto es medianamente serio y te dicen "en 3 días lo tienes", pregúntate qué se están saltando para cumplir eso.
- No te hacen preguntas. Alguien que realmente va a construir algo para ti necesita entender tu negocio. Si en la primera llamada ya te está enseñando una demo, esa demo no es tuya, es de cualquiera.
- El precio es "de derribo". A veces lo barato sale caro, y en diseño web esto se cumple con una precisión asombrosa.
- Todo son capturas, nunca webs en vivo. Pide siempre el enlace real, no una captura. Una captura no falla, no carga lento y no tiene errores. Una web real, sí puede tenerlos, y eso también te dice mucho de quién hay detrás cuando aparecen.
- Hablan más de la tecnología que de tu negocio. Si te venden "IA generativa de última generación" antes que preguntarte cómo consigues tus clientes actualmente, mala señal.
Lo aburrido (pero rentable) de ser serio
Aquí va mi confesión: ser serio en este oficio es tremendamente aburrido de contar. No hay truco que enseñar, no hay "secreto" que vender en un reel de 30 segundos. Es simplemente:
- Decir un plazo real, no uno optimista para cerrar la venta.
- Avisar si algo se retrasa, en lugar de desaparecer.
- Cobrar lo que cuesta el trabajo, ni más ni menos.
- Coger el teléfono cuando algo falla, aunque sea viernes a las siete de la tarde.
No es glamuroso. No genera muchos "me gusta". No hay ningún vídeo viral posible con el titular "Freelance cumple un plazo, se queda flipando todo el mundo". Pero es la razón por la que, dos décadas después, sigo aquí, con clientes que llevan años repitiendo, que me recomiendan a sus amigos, y que, esto es lo mejor, ya ni me preguntan el precio antes de decir que sí, porque saben lo que hay detrás.
Por qué esto también va de respeto
Hay algo que no se suele decir en voz alta y que a mí me parece clave: prometer de más y no cumplir no es solo un problema de plazos o de dinero. Es una falta de respeto hacia el tiempo, la confianza y, muchas veces, los ahorros de otra persona.
Cuando un cliente contrata una web, casi siempre hay algo más grande detrás. Es el abogado que por fin se lanza en solitario. Es la clínica familiar que quiere digitalizarse después de 20 años funcionando solo por el boca a boca. Es el restaurante que necesita esa web para sobrevivir a la competencia del centro comercial de al lado. No es "solo una web". Es una pieza de algo que a esa persona le importa muchísimo.
Por eso, cuando alguien coge ese proyecto, cobra por adelantado y desaparece, no está estafando a "un cliente más". Está jugando con la ilusión, el tiempo y el dinero de alguien que confió. Y eso, con o sin IA de por medio, sigue sin tener gracia ninguna.
Entonces, ¿qué hago si necesito una web?
Fácil: pregunta. Pregunta cuánto tiempo lleva de verdad un proyecto como el tuyo. Pide ver webs reales, no solo capturas bonitas. Y sobre todo, desconfía de cualquiera que te prometa "resultados garantizados" en un sector donde nadie, ni con IA ni sin ella, puede garantizarte nada al cien por cien salvo el trabajo bien hecho.
Si después de leer esto te apetece hablar con alguien que no te va a vender humo (ni dedos de seis falanges), ya sabes dónde encontrarme.
— Fidel

